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NUESTRA HISTORIA

Todo comenzó de madrugada.
Una niña de 13 años, a la una de la mañana, batiendo a mano y metiendo bulla sin querer. Sus padres debían levantarse temprano para trabajar, pero jamás la detuvieron. Al contrario, la apoyaron.
Esa fue su primera torta: artesanal, sencilla y llena de amor.
Ahí nació el alma de Paraíso de Tentaciones.
Con los años, esa niña creció. Trabajó como cajera en el Casino Monticello, y fue ahí donde volvió a aparecer la repostería, esta vez como un acto de valentía. Comenzó llevando repollitos de masa choux, hechos en su casa, para compartir algo dulce con sus compañeros. No era un negocio aún, era una necesidad del corazón… pero sin saberlo, estaba sembrando su futuro.
El cariño, los comentarios y el boca a boca hicieron lo suyo.
Ese fue el primer “sí se puede”.
Luego vino el primer gran paso: vender desde su propia casa. Durante un año completo, la cocina fue taller, el comedor fue vitrina y cada pedido se hacía a pulso, con tiempos ajustados, muchas horas de trabajo y una fe inmensa. No había maquinaria moderna, pero sí había propósito, constancia y amor en cada preparación.
Veinte años después de aquella primera torta, esa niña —hoy esposa y madre— decidió dar un paso aún más grande: emprender formalmente.
En los años siguientes, el sueño creció. Llegó el primer local, luego la modernización, el aumento del equipo de trabajo, la incorporación de maquinaria profesional y una atención cálida que se transformó en sello. Los productos se perfeccionaron, la marca tomó forma y el cariño de los clientes se volvió el motor diario.
Pero hay algo que nunca cambió.
Porque a pesar del crecimiento, de la experiencia, de la innovación y del camino recorrido con esfuerzo y perseverancia, en cada torta, en cada vitrina y en cada detalle, sigue viva esa niña de 13 años, haciendo su primera preparación a la una de la madrugada, con el corazón lleno de amor.
Y ese es, hasta hoy, el verdadero secreto de Paraíso de Tentaciones.